Tenemos derecho a llorar y estar rotos de vez en cuando…

Todos hemos experimentado la tristeza alguna vez en nuestras vidas, no existe nadie en este mundo que no haya llorado en algún momento. Y es que se vale poder estar triste a veces; poder estar rotos de vez en cuando, reservándonos siempre para nosotros mismos el derecho a llorar. No hace falta que seamos siempre las personas alegres que todos desean, tampoco esos que siempre sonríen o tienen la capacidad de hablar con los demás demostrando alegría. Es más que válido el poder dejar que nuestro corazón llore, hasta quedar completamente secos. Eso es ser humanos. Es vivir y ser reales. Terminar por reprimirse emocionalmente, secuestrando por completo nuestras vivencias, no es la solución. ¡Aquí te explicamos por qué tenemos derecho a llorar!

La tristeza es una emoción sana

Abrazar la vida con sus altos y bajos es necesario para poder crecer y evolucionar como personas.  El ser conscientes de nuestras emociones negativas es fundamental, por lo tanto, el derecho a llorar y liberar lo que llevamos dentro es totalmente válido.  Simplemente se trata de una manera de expresar nuestros sentimientos más profundos; aunque pudiéramos pensar que la tristeza es negativa e insana, no lo es. La tristeza, el enfado y la frustración nos ayudan a caminar, a poder enfrentarnos a aquello que más nos duele, y así poder hacer una búsqueda interna de nuestro sentido hacia la realidad.

Vivir la tristeza y experimentar el sentimiento es totalmente saludable. El problema se presenta cuando nos quedamos atrapados en ese sentimiento por más tiempo del necesario. En ese instante pueden surgir enfermedades como la depresión, que si no es tratada a tiempo puede acarrear graves consecuencias a nivel emocional y psicológico. Si esto sucede, entonces, es necesario buscar ayuda de profesionales. Recuerda que, si ya lloraste, ya sufriste, incluso te deprimiste ¡Ahora te toca vivir!

La importancia de vivir plenamente

Vivir plenamente define la vida. La felicidad y la tristeza determinan el equilibrio y la normalidad de nuestra existencia: no todo es color de rosa ni totalmente negro. Lo bueno de la vida nos hace sentir estupendos y nos mantiene la sonrisa en el rostro. La tristeza, por su lado, nos hace crecer. Por lo tanto, el derecho a llorar es fundamental.  Poder controlar nuestros pensamientos y comportamientos, permite disfrutar las emociones a plenitud.

Aquellos días en los que no conseguimos levantarnos de la cama porque la tristeza nos abruma, debemos llevar las cosas con calma. Entender que se trata solo de una situación momentánea que pasará es muy importante; disfrutar de la tristeza para construir un aprendizaje verdadero es la clave. Luego de esto, resulta más fácil superar cualquier adversidad.  En esos días en que nos sentimos así, es importante reflexionar. No debemos caer en el error de venirnos abajo, puesto que eso hará que crezcan nuestros demonios internos.

Es esencial aceptar que el poder rompernos de vez en cuando es necesario. Todo es parte de un proceso. Una etapa en la vida de cada persona. Los desafíos internos son necesarios para recomponer nuestro entorno ideal, estas manifestaciones nos hacen sentir más vivos y más humanos. Es un indicador de que estamos viviendo plenamente.

El cambio es lo único seguro en nuestras vidas

La profundidad psicológica por la que se caracterizan los malos momentos terminan por revertir automáticamente cualquier aspecto negativo que se presente en la situación, ya que las dificultades más allá de traernos problemas, nos regalan aprendizajes. Esto se traduce en ganancia para nuestras vidas, todo dependerá del cristal con que se vea la situación. Cualquier cambio en los pensamientos, emociones y comportamientos, podrán mejorar o empeorar nuestra realidad. De esta manera, dependerá demasiado de la gestión que hagamos del malestar, es decir,  del permiso que nosotros mismos nos demos para crecer, para vivir y para experimentar el derecho a llorar. En este último caso, se trata de la solución más saludable para soltar una gran parte de la carga que nos aprisiona.

La naturaleza también cambia

En este sentido viene bien traer a colación los procesos que vive la naturaleza, los cuales se basan en el cambio y la transformación constantes, por ejemplo, el proceso de muda de piel de las serpientes. La serpiente presenta la capacidad de desprenderse de su piel vieja, para ello, transita entre los bordes de las piedras, las cuales le ayudan a eliminar su piel. Lo mismo pasa con los sentimientos. El cambio puede ocasionar dolor, pero te ayuda a deshacerte de lo viejo, y así poder aceptar lo nuevo. El derecho a llorar y desahogarse es un momento de transición en ese cambio que se experimenta.

Lo anterior se trata del final de un proceso y el inicio de otro. El camino que recorremos nos hace sufrir, es parte del laberinto emocional que experimentamos, claro esta, si nos resistimos, por eso debemos dejar fluir. De otro modo, la angustia que nos invade solo se incrementará, pues no soltamos lo que nos lastima: aquello que no necesitamos y que impide dar espacio a lo que quiere nacer.

Recuerda sobre el derecho a llorar…

Sentir que nuestro interior se resquebraja nos hace plantearnos argumentos que antes no contemplábamos, por lo tanto, nos hace ver nuevos panoramas.  Así nace uno de los grandes beneficios de darnos el derecho a llorar: notar la presencia de los demonios que nos atormentan día a día.

La búsqueda de la felicidad nos atormenta pues pensamos que nunca termina de llegar, aunque la tengamos frente a nuestra cara. Esto pasa porque tenemos a la felicidad demasiado conceptualizada. No debemos privarnos del derecho a llorar, por el pensamiento errado de que esto no es sinónimo de felicidad.

Si se abrazan las emociones  y les extendemos una mano a través de los pensamientos y los comportamientos, tomaremos una decisión que nos permitirá obtener el crecimiento personal que nos otorga la felicidad. La decisión que tomemos debemos respetarla para que sea una fuente de conocimiento, una oportunidad para explorarnos a nosotros mismos y poder seguir caminando por esta vida en paz y armonía.

Por: El Arte de Saber vivir / Phrònesis

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