Cómo cuidarte de la gente tóxica.

¡Tienen una habilidad! Si no es una ristra de quejas y lamentaciones, son los chismes y las intrigas hacia los demás. Cuando no, son las palabras groseras, las insinuaciones y chistes de mal gusto lo primero que sale de sus bocas, o la imposoción de que ellos son como son, y exigen que debemos aceptarlos aunque nos inunden con su negatividad. Así es la gente tóxica.

El término no es nuevo. Se refiere a algo “venenoso, que produce efectos nocivos” (según la Real Academia de la Lengua Española), y si bien se origina en relación a una sustancia, fácilmente podemos adaptarlo a las actitudes de muchas personas.

Por ahí leí que se trata de “gente que no te quiere, no te respeta y no te escucha…. no le importas lo más mínimo”, que te buscan sólo porque sirves para sus intereses. Piensan que pueden desparramar sus ideas y emociones negativas sobre la vida de los demás, sin ningún pudor y como si merecieran que le tiren la alfombra roja por ello.

Tristemente, dondequiera los hay y disfrutan de robarle la energía positiva a los demás. Seguramente conoces a alguno, y hoy quiero compartir algunas maneras de cuidarte de ellos y ponerle un alto a sus acciones.

¿Cómo identificar a una persona tóxica?

Es esa persona que hace que te sientas mal, que te desgasta emocionalmente y que no aporta nada bueno a tu vida. El psicólogo Iñaki Kabato lo define como “personas que no han madurado emocionalmente, gente profundamente insegura y egoísta que necesitan estar cerca de alguien para entablar una relación absorbente que les permita descargar sus frustraciones”. Todo eso.

Aquí algunas características de este tipo de personas, según Kabato:

  • Invaden límites

  • Son expertos en encontrarle defectos a los demás

  • Se enfocan en la parte negativa de las cosas

  • En algunos casos, se proyectan como exageradamente seguras de sí mismos

  • Disfrutan de hacerse las víctimas

  • Tienen una visión trágica o negativa del mundo

  • Consumen la energía de los demás

  • Producen agotamiento emocional

  • Esconden en sus acciones algún interés personal

  • Esperan que los demás siempre estén dispuestos y obedientes para ellos

  • No les gusta asumir responsabilidad

  • Culpan a otros por sus circunstancias

¿Conoces a alguien así?

Tipos de personas tóxicas

En varias lecturas que hice, los expertos en este tema coinciden en que hay varios tipos y rasgos de personas tóxicas. Ocasionalmente tienen más de una conducta o actitud que compartimos aquí, por lo que su nivel tóxico aumenta. Y claro, mientras más tóxico, más dañino para tu salud emocional.

Lobos vestidos de ovejas

Frente a ti, puede lucir como muy amigo y hasta finge celebrar tus logros y alegrías. Pero en el fondo le hierve la sangre, y no perderá la oportunidad para darte un mal consejo. Es la persona que a tus espaldas se alegra de tus fracasos. Pareciera obsesionado por saber cada cosa que haces, porque no soporta que te vaya bien. También son manipuladores de cinco estrellas, por lo que van a ser bien hábiles en esconder sus intenciones.

Estas son las personas más difíciles de identificar, porque desarrollan una habilidad maestra para hacerte creer que son lo que no son. Pero siempre hay alguna oportunidad para que te des cuenta de que no son tan amigos como dicen.

Ya sea por celos o envidia, el nivel de toxicidad en las relaciones con estas personas no te conviene. Pondera si vale la pena tenerlos en tu círculo íntimo y qué tan frecuente compartes con ellos.

Si no puedes evitar que estén cerca de ti, tienes dos opciones: o le pones un límite a la interacción con ellos o los desenmascaras. Si optas por la segunda, házlo con cuidado… porque al hacerlo, les das motivos para hacerte más daño.

Le gusta ser el centro de atención a costa de ti

A veces les perdonamos sus irreverentes comentarios, aún cuando te ponen en rídiculo frente a todos, porque intentan suavizar las cosas diciendo que “son bromas” y te hacen sentir mal si les pones mala cara. Les encantan esos cinco minutos “de poder” frente al grupo, para aprovecharse de ti (o de otros) y ridiculizarte. Viven para echar a correr rumores y chismes, ciertos o no, porque los hace sentir importantes; aparentan que saben más que nadie de la vida de los demás.

Las personas tóxicas que actúan así rara vez se atreven a hacerlo cuando están solas, porque su deseo de demostrarle al mundo cómo ponen a otros debajo de su pie no les funciona. Van con su séquito, que es igualmente tóxico, quienes le ríen las gracias.

La forma diplomática de desligarte de ese ambiente tóxico es alejarte de las personas que son así. No tienes que dejar de ser su amigo, pero limita las ocasiones en que interactúas con ellos. Se darán cuenta de que no estás a gusto. Tal vez les da con acosarte para hacerte sentir culpable, porque creen que no se puede vivir sin ellos. Ahí puedes aprovechar para tener una conversación franca y honesta, dejarles saber que, si bien le aprecias como persona, no es así con sus acciones. No pueden obligarte a que quieras compartir con ellos cuando el ambiente que crean no es saludable para ti.

Dice que es tu amigo, pero no deja de juzgarte

Pertenecen al grupo que son expertos en mirar la paja en el ojo ajeno e incapaces de mirarse ellos mismos. Les encanta criticar, y cuando ven que te lastiman, redoblan su ataque. Se alimentan de debilitar la autoestima de los demás, haciéndoles creer que son inútiles, y con eso logran sentirse superiores.

Pónle un alto de buenas a primeras a las personas así. Si no lo hiciste el primer día, no importa, házlo hoy. Mientras más les permitas que su veneno se extienda, más van a querer seguir hundiéndote. Al ponerles un alto, los desarmas. Cuando les demuestras que no vas a aguantarles sus comentarios y les pones carácter, de pronto no saben qué hacer, les quitas esa sensación de poder que creen tener sobre ti.

Pero no creas que es el fin de su nivel tóxico. Van a volver a intentarlo en el momento que sospechen que bajas la guardia o se buscan una nueva “víctima”. Quizás, además de ponerle un alto, debas conversar con estas personas e invitarlos a recapacitar en sus acciones y actitudes.

Les encanta tener a alguien como “víctima”

Como sus actitudes no son las mejores, les gusta estar cerca de las personas que están en problemas o pasando por momentos difíciles para hacerse indispensables y controlarles. Quizás como un reflejo de que no tienen control de sus propias vidas, quieren hacerlo con la de los demás. Te dan un consejo, como obligándote a que hagas lo que dicen, y sino, son hostiles porque no les obedeces. Entienden que tu etapa de vulnerabilidad es el momento perfecto para alimentar su ego, que de otra manera tendrían desinflado.

Si reconoces a alguien en tu círculo de amigos o familiar que actúa de forma controladora u hostil, ¡cuidado! Estas personas no sólo tienen actitudes tóxicas, sino que pueden convertirse en un peligro para ti. A ellos sí hay que ponerles un “detente”, antes de que caigas en un círculo de dependencia, violencia y control, del que luego te resulte difícil escapar. Incluso, hay ocasiones que hay que “cortar” por completo con ellos, para que no te lastimen ni enfermen.

Los del disco rayado

Necesitan a alguien para contarles sus “desgracias”, y una conversación con ellos es más bien un drenante monólogo de quejas, complejos, inseguridades, y siempre lo que les sucede “es peor” que lo que viven los demás. Si están entre personas enfermas, siempre son ellos los que están más graves, casi con un pie en la tumba, aunque uno los vea bien.

Tampoco asumen responsabilidad. Lo que les pasa es siempre culpa de los demás, diseminando al mismo tiempo su chantaje emocional.

¿Cómo atiendes este caso? Estas personas necesitan apoyarse en alguien para darles pena, porque eso refuerza su autoestima. En el momento en que los confrontes con la realidad o les dejes saber que tienen la oportunidad de mejorar, buscar ayuda o dar un paso hacia atrás para reenfocar y apreciar todo lo bueno que tienen, verás que dejan de buscarte. No tienes que ser brusco o grosero para eso, trátalos con compasión, porque su problema está en la percepción que tienen de sí mismos y les cuesta trabajo cambiar su forma de pensar.

¿Se puede cambiar a una persona tóxica?

Se puede hasta cierto punto, pero es trabajoso. Algunas personas no quieren cambiar, ni siquiera admiten que son problemáticas o tóxicas. Piensan que los que están mal son los demás y no ellos. Su problema está arraigado en las actitudes, pero también en su percepción de ellos mismos y los demás. Así que, a veces las acciones correctivas las tenemos que tomar nosotros.

  • Aceptación – No es la que más que nos gusta, pero a veces hay que aceptar que la gente es como es y que difícilmente va a cambiar. Puedes amarlo, tolerarlo, perdonarlo, pero también puedes decidir que, aún cuando lo aceptes como es, no te conviene. Y si no te conviene, te hace daño.

  • Pónle límites – Toma el control de lo que tú quieres que sean tus relaciones, y no permitas que otros vengan a imponerse ni a someterte. Tienes todo el derecho a exigir que se te respete. Además, deja de darle acceso a tu vida personal, que es la fuente primaria que alimenta su toxicidad contra ti.

  • Confróntale – En ocasiones hay personas que no tienen la más mínima idea de que sus acciones te están haciendo daño. Una conversación gentil y compasiva puede ser todo lo que necesitan para cambiar. Si te da temor hacerlo, ve acompañado de alguien que tengan en común, que sirva de apoyo para ambos, y ultimadamente, de testigo de lo que conversan.

  • Busca nuevos amigos – Puede ser que hayan sido amigos de toda la vida, pero ¿qué de malo tiene que amplíes tu círculo? Busca gente que te nutra, que te haga feliz. De nada vale que sustituyas a una persona tóxica por otra; si lo haces, entonces el problema no es del otro, sino de nosotros mismos que no sabemos escoger personas y ambientes que nos ayuden a crecer y a tener relaciones saludables.

  • Sé firme en tu decisión – No le haces ningún favor a una persona tóxica cuando te alejas y al poco tiempo regresas a restaurar las cosas. Pensará que todo el tiempo tuvo la razón, que el del problema eres tú. No quiere decir que termines la amistad enojado; quiere decir que si decides alejarte, lo hagas por tu bien. Y si alguna vez se cruzan en el camino, sé cordial. Eso le dará una lección.

  • Perdónala – Muchas veces, estas personas actúan, piensan y son como son a raíz de circunstancias muy duras, que no nos imaginamos. No siempre es por capricho, aunque los hay. No andes cargando con ese bulto emocional. Perdona y toma las decisiones que tengas que tomar para vivir de forma saludable y feliz.

¿Y si la persona tóxica soy yo?

Se necesita mucho valor para plantearnos esa pregunta. Pero, ¿y qué tal que, en efecto, seamos nosotros quienes estemos lastimando a quienes nos quieren? Nadie está exento, mi gente.

  • Si observas que evitan tu compañía, que no te invitan o incluyen, que te tratan “de afuerita”, puede ser una señal de que algo hay que revisar.

  • Otro indicador puede ser que la gente cerca de ti se cohíbe y expresan miedo. Se sienten intimidados, y nunca se atreverían a llevarte la contraria o a decirte lo que piensan. Puede ser su manera de dejarte saber que no confían en ti, que los ahogas, pero temen decírtelo.

  • Tal vez el problema es que se sienten agobiados por tu costumbre de quejarte, de ver el vaso siempre medio vacío, de tu pesimismo. Cuando una persona asume esa actitud de “nadie las pasa peor que yo” y de “adiós, mundo cruel”, drena. Quizás por eso te cortan rapidito, no te devuelven la llamada o siempre tienen algo qué hacer y no pueden atenderte.

Para saber si realmente caes en el renglón de persona tóxica, debes querer, verdaderamente,

asumir tu parte; sincerarte contigo mismo y tener el deseo de mejorar. Si no te importa, si disfrutas de ser así, te tengo noticias: a fin de cuentas, te quedarás solo.

Fíjate en la palabra que han acuñado para este tipo de conducta: tóxico. Lo tóxico hace daño, destruye. Y cuando logra ese cometido, lo que deja a su paso es desolación. No se le arriman ni los pajaritos. Si decides quedarte con esas actitudes tóxicas, después no te quejes.

Sin embargo, siempre tenemos la oportunidad de mejorar… aunque sea de poquito en poquito. El día que decidas hacerlo, vas a encontrar mucha gente que se va a alegrar por ti y te va a dar la mano para que logres ese cambio de actitud. Pero tienes que quererlo y comprometerte a lograrlo. Ese es el primer paso que hay que dar.

Luego, habla con la gente cercana a ti y pídeles que te ayuden a ver dónde están las fallas. Debes tener apertura emocional y crítica, recibir el “feedback” con humildad. Si te vas a enojar y vas a tratar de justificarte (aunque es una reacción normal), cierras los canales de comunicación y no vas a llegar a ningún lado.

Lo otro es tratar de identificar qué provoca esa conducta tóxica. ¿Son celos y envidia, o una experiencia negativa en algún momento de tu relación con una persona? ¿Es lo que aprendiste de tus padres o son impulsos de coraje y frustración que llevas cargando hace tiempo? Das un paso enorme cuando logras descifrar la fuente de esa conducta dañina, porque te permite trabajar con el problema directamente. Quizás necesites ayuda especializada para ir transformando esas acciones; nunca es tarde para remediarlo.

Y atrévete a pedir perdón y a perdonar. Avanzas mucho para restaurar tus relaciones cuando acudes a las personas que se sienten heridas y desilusionadas con tus actitudes y pides disculpas. Eso habla mucho de ti. Perdona también a los que te hicieron daño alguna vez, y fue esa la experiencia que dio paso a una conducta poco saludable. Y más que nada, perdónate a ti mismo, para que seas verdaderamente feliz.

Adiós a lo tóxico, bienvenidas las relaciones sanas, nutridoras y de bienestar.

 

  https://dejameacompanarte.wixsite.com

 

 

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