Análisis: ¿Qué está pasando realmente en la frontera?

Esta semana, el Centro de Investigación Pew, dedicado a analizar tendencias sociales de diferente tipo, publicó los resultados de un estudio sobre lo que realmente está pasando en la frontera de Estados Unidos y México.

 

En particular resalta que los resultados del Centro Pew se den a conocer en una de las semanas más amargas en la administración del Presidente Trump, en cuanto al personal estratégico del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) se refiere.

 

El pasado domingo, la Secretaria Kristjen Nielsen presentó su renuncia al puesto (o la despidieron, pero eso no se hizo público).  Supuestamente, la ex funcionaria estaba frustrada por dos cosas: que el problema del flujo migratorio proveniente de centroamérica era más de lo que se podía manejar y que otras agencias que podían darle la mano al DHS para lograr las metas de inmigración que exige el Presidente, no lo estaban haciendo.  Así que se cansó o se le agotó la paciencia.

 

El martes, la Subsecretaria de Seguridad Nacional anunció que también dejaría su cargo.  Se supone que ella, Claire Grady, quedara al mando de la agencia.  Pero ya desde el mismo domingo, después de la reunión con Nielsen, Trump había dejado saber que el puesto era para Kevin McAleenan, Comisionado de la Patrulla Fronteriza.

 

Hay reportes de que la renuncia de Grady habría sido forzada, incluso dejando entrever que Trump omitió el protocolo administrativo para imponer a McAleenan, de quien se ha destacado que un estilo hacia la inmigración ilegal similar al del Presidente.  No es que entraba al puesto nada más para seguir las instrucciones de la Casa Blanca, sino que ya venía con un mismo ADN de Trump para atender la zona fronteriza, haciéndolo el “golden boy” para la gesta anti inmigratoria.

 

Este pasado viernes, el director interino de ICE, Ron Vitiello, dejó su cargo también, luego que la Casa Blanca retirara su nominación para ocupar ese mismo puesto pero de forma permanente.  Y quizás haya muchas otras bajas en menores rangos de las que no nos enteramos.

 

Ahora, ¿qué dicen los resultados de la investigación del Centro Pew?
1.  El número de arrestos ha aumentado en los primeros seis meses del año fiscal 2019, pero no mucho más que su trayectoria histórica.
Esos más de 361,000 casos no deben sorprendernos, sin embargo, porque son reflejo de la mano dura de la administración Trump hacia la inmigración ilegal.  Fue su promesa de campaña y es una de sus principales agendas de su presidencia.

 

Lo que sí preocupa es la cifra de inmigrantes, la cual ya sabemos que se ha disparado exponencialmente con las olas masivas de personas que se han aventurado a cruzar Centroamérica en busca de un nuevo lugar donde vivir.

 

Muchos culpan a sus gobiernos y las condiciones en las que viven las comunidades pobres, pues la desventaja socioeconómica en la que se encuentran reduce sus posibilidades de un futuro prometedor.  De ahí que los que se involucran con el trasiego de drogas y armas encuentren en esos delitos una alternativa subterránea para ganar algo de dinero que les abra algunas puertas.

 

Eso sus gobiernos lo saben y lo toleran.  O por lo menos, según relatan los propios inmigrantes, los planes para arreglar la situación en sus países no parecen materializarse en las comunidades marginadas.  Y así sigue el círculo, vicioso y triste, de tener que depender de actividades ilícitas para sobrevivir.  Y los que se cansan de esa vida o cuando su cabeza tiene un precio, arriesgarlo todo es mejor que quedarse a morir a la vista de tantos y sus promesas incumplidas.

 

2- Ha aumentado la migración en familias.
Esta es tal vez la más desgarradora parte de lo que sucede en la frontera.  Los niños que vienen con estas unidades familiares, ya sea con la esperanza de que se conviertan en un boleto de entrada o como presunta garantía de las buenas intenciones que le traen a suelo norteamericano, son siempre las víctimas de un proceso que se ha vuelto imposible.

 

¿Qué niño merece ser separado de sus padres?  Pero también hay que preguntarnos, ¿qué alternativas hay?  No los quieren en Estados Unidos por no tener papeles, pero si se devuelven a sus países, ¿qué vida les espera?  No he leído nada de los líderes de gobierno centroamericanos para cambiar esa parte de la ecuación.

 

Así que, en ese sentido estrictamente, Trump tiene razón.  Cuando se trata de menores, cuyo futuro está en el aire, sí es una emergencia nacional.  ¿Pero para cuál país?  Ya Estados Unidos la ha aceptado, desde la perspectiva de no dar abasto para la marea de personas que quedan en ese limbo fronterizo.  México quizás podría hacer algo por sus nacionales que buscan entrar como sea a suelo estadounidense, pero no necesariamente tiene mucho qué ofrecerle a los que vienen del resto de América Central.  ¿Y el resto de los países qué?  Sus propuestas se quedan cortas, sus acciones también, tristemente.

 

Las demás conclusiones del estudio del Centro Pew son harina de otro costal, pero aquí se las dejo:
– La mayoría de los arrestos fronterizos se han registrado en la zona de El Paso, TX como punto de entrada.

 

– La temporada en que se han registrado el mayor número de arrestos ha cambiado con el tiempo.
– Se ha registrado un ligero cambio en la nacionalidad de los detenidos en la frontera, registrándose un leve aumento en personas que no son de origen mexicano.
– Aunque hubo un alza en el despliegue de agentes fronterizos en los pasados años, la cifra de efectivos ha tenido una leve baja de ellos en la frontera con México.

 

Si desea leer más de los resultados de este informe del Centro de Investigaciones Pew, puede acceder a su página web: www.pewresearch.org

 

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