Crisis de Natalidad: En 2025 nacieron 710,000 bebés menos que hace casi dos décadas

Crisis de Natalidad: En 2025 nacieron 710,000 bebés menos que hace casi dos décadas

04/13/2026 Desactivado Por Florencia Maggio

El CDC reporta 53.1 nacimientos por cada 1,000 mujeres en edad reproductiva, un 23 por ciento menos que en 2007; las mujeres aplazan la maternidad, las adolescentes casi no tienen hijos, y la inmigración —que compensaba parte del déficit— cayó históricamente bajo la administración Trump. La Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que en 2030 los Estados Unidos tendrán más muertes que nacimientos


WASHINGTON — En 2025 nacieron en Estados Unidos aproximadamente 3,606,400 bebés. Es el número más bajo desde que el gobierno federal lleva registros modernos de nacimientos, y está 710,000 por debajo del año pico: 2007, cuando nacieron más de 4.3 millones de niños en un país que entonces tenía menos población que hoy. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades publicaron esta semana los datos provisionales del año, confirmando una caída del uno por ciento respecto a 2024 y situando la tasa general de natalidad en 53.1 nacimientos por cada 1,000 mujeres en edad reproductiva. Es, en términos técnicos, el mínimo histórico. Y según las proyecciones del gobierno, el número seguirá bajando.

La caída no es nueva —viene acumulándose durante casi dos décadas— pero en 2025 convergen varios factores que la hacen más significativa que nunca: la baja natalidad estructural de largo plazo, el aplazamiento masivo de la maternidad, el derrumbe histórico del embarazo adolescente, y ahora una caída sin precedentes en la inmigración, que hasta hace poco actuaba como amortiguador demográfico. El resultado es un país que crece a un ritmo cercano a cero y que, si no cambia la trayectoria, comenzará a encoger.

Los números que definen la crisis

Para que una población se mantenga estable sin depender de la inmigración, cada mujer necesita tener en promedio 2.1 hijos a lo largo de su vida. En Estados Unidos esa cifra está hoy en aproximadamente 1.6 —y la Oficina de Presupuesto del Congreso proyecta que bajará a 1.53 en 2036, donde permanecerá durante las siguientes dos décadas. La diferencia entre 1.6 y 2.1 puede parecer pequeña, pero traducida en millones de personas y en décadas de tiempo, significa una sociedad que envejece aceleradamente, que tiene cada vez más jubilados que trabajadores activos, y que depende cada vez más de la inmigración para mantener el dinamismo de su economía.

Desde 2007, la tasa general de natalidad ha caído un 23 por ciento. En términos de edad, los datos del CDC para 2025 muestran una imagen muy específica: la caída fue concentrada en mujeres menores de 30 años, especialmente en adolescentes y mujeres de 20 a 24 años. Las tasas subieron levemente en mujeres de 30 años o más, pero no lo suficiente para compensar las caídas en los grupos más jóvenes.

El dato más llamativo en ese sentido es el del embarazo adolescente: la tasa de natalidad entre menores de 20 años cayó un 72 por ciento desde 2007. Eso es, en gran medida, una noticia positiva —refleja mayor acceso a educación sexual y métodos anticonceptivos, y más control de las mujeres jóvenes sobre sus propias decisiones reproductivas. Pero también contribuye a una caída estructural en el número total de nacimientos que no se recupera fácilmente.

El otro dato que los demógrafos observan con atención histórica es este: por primera vez en la historia del país, casi la mitad de las mujeres de 30 años en Estados Unidos no tiene hijos. En 1976, esa cifra era del 18 por ciento.

Por qué las mujeres tienen menos hijos y más tarde

Los investigadores identifican varios factores entrelazados, y ninguno por sí solo explica todo.

El más citado en las encuestas es el costo de vida. La vivienda, el cuidado infantil, la educación y los gastos médicos han subido más rápido que los salarios durante décadas. Sarah Hayford, directora del Instituto de Investigación Poblacional de la Universidad Estatal de Ohio, señala que aunque la economía en términos macroeconómicos se ha recuperado desde la recesión de 2008, muchas personas siguen sintiendo que sus condiciones financieras individuales no mejoran lo suficiente como para sostener una familia. Tener un hijo en Estados Unidos, entre el parto, el cuidado infantil y las primeras etapas del desarrollo, puede costar entre $10,000 y $20,000 solo en el primer año —sin contar la pérdida de ingresos si uno de los padres reduce su jornada laboral.

Pero el dinero no es todo. La Dra. Alison Gemmill, profesora asociada de epidemiología en la UCLA y una de las principales investigadoras sobre fertilidad en el país, apunta a un cambio cultural más profundo: las mujeres casas cada vez más tarde, forman parejas más tarde, y planifican su maternidad de manera más deliberada. «Las mujeres ahora tienen mejor control sobre sus vidas reproductivas», dijo Gemmill. «No hay tantos embarazos no deseados como antes. Nuestras líneas de tiempo se han desplazado.» Para la Dra. Sigal Klipstein, especialista en endocrinología reproductiva en Chicago, el factor más determinante que escucha en su consulta no son las prioridades profesionales: es no haber encontrado a la pareja adecuada.

A esto se suma lo que Gemmill llama el «estado general del mundo»: la preocupación por el cambio climático, la incertidumbre económica, el impacto de la inteligencia artificial en el empleo, la calidad del sistema de salud, la inestabilidad política. «El mundo altamente competitivo y desigual en el que vivimos ha hecho que muchos futuros padres perciban que la crianza exige mucho más tiempo y dinero que hace 20 años», dijo. «Todo eso es difícil de cuantificar, pero está presente.»

El doble golpe: menos nacimientos y menos inmigrantes

Durante décadas, la inmigración fue el colchón que amortiguaba la caída de la natalidad. Los inmigrantes llegan en edad activa, se incorporan rápidamente al mercado laboral, pagan impuestos, y tienen tasas de natalidad más altas que la población nativa. En 2024, el 32 por ciento de los bebés nacidos en el país tenían al menos un padre o madre hispano —un porcentaje muy superior al 20 por ciento que representa la población latina en el total nacional. Históricamente, la comunidad latina ha sido el principal motor de crecimiento demográfico en el país: entre 2000 y 2024, el 56 por ciento del crecimiento total de la población de Estados Unidos fue de origen latino.

Pero ese colchón está desapareciendo. Las políticas de la administración Trump de reducción y deportación masiva de inmigrantes llevaron a una caída sin precedentes en la migración neta. Según datos del economista Samuel Tombs de Pantheon Macroeconomics, el crecimiento poblacional de Estados Unidos cayó del 1 por ciento anual en 2023 y 2024 al 0.3 por ciento en 2025. «Eso es una caída que está siendo liderada principalmente por la inmigración», dijo Tombs. «Esas personas se incorporaban rápidamente al empleo y añadían demanda a la economía.» La Encuesta de Población Actual estimó que el número de adultos inmigrantes cayó en 1.8 millones entre enero y noviembre de 2025 —aunque algunos expertos señalan que parte de esa cifra puede reflejar menor participación en la encuesta más que una salida física.

La combinación de baja natalidad estructural y colapso migratorio es lo que hace que las proyecciones de largo plazo sean tan sombrías. La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que sin inmigración, el número de muertes superará al número de nacimientos en Estados Unidos a partir de 2030. El crecimiento total de la población se acercaría a cero en 2056.

Lo que está en juego: el Seguro Social y la economía

El impacto más concreto y más inmediato de esta tendencia es sobre el Seguro Social —el programa que sostiene a más de 70 millones de jubilados y personas con discapacidad en el país. El sistema funciona como un flujo continuo: los trabajadores activos aportan, y esos aportes financian los beneficios actuales. Cuando hay menos trabajadores por cada jubilado, el sistema enfrenta déficit. Los administradores del Seguro Social proyectaron el año pasado que la tasa de fecundidad total no alcanzará los 1.9 hijos por mujer hasta el año 2050 —una década más tarde de lo que calculaban antes— lo que empeora significativamente el déficit proyectado a largo plazo del programa.

Para la economía en general, la baja natalidad es, en palabras de Tombs, un «lastre a mediano plazo». No tiene efectos inmediatos —los bebés que no nacen hoy no entran al mercado laboral hasta dentro de 18 o 20 años— pero ese horizonte, para los planificadores económicos, ya está muy cerca.

La respuesta del gobierno: incentivos pronatalistas que los expertos cuestionan

La administración Trump ha respondido a estos datos con una agenda pronatalista. Trump firmó en marzo de 2025 una orden ejecutiva para ampliar el acceso a la fertilización in vitro. El Vicepresidente JD Vance y otros funcionarios han propuesto condicionar fondos federales a comunidades con altas tasas de matrimonio y natalidad. Se discutió también la entrega de un «bono bebé» de $5,000 por nacimiento.

Los expertos son escépticos sobre la efectividad de estas medidas. Julia Strasser, investigadora del Instituto Fitzhugh Mullan de la Universidad George Washington, señala que los incentivos económicos por nacimiento tienen un impacto limitado en las decisiones reproductivas: un estudio en Corea del Sur en 2021 encontró que la mayoría de las mujeres que recibieron bonos ya planeaban tener hijos de todas formas. Los países que han logrado estabilizar sus tasas de natalidad —Francia, los países nórdicos— lo hicieron a través de sistemas robustos de licencia parental pagada, cuidado infantil asequible y horarios laborales flexibles, no a través de pagos únicos.

La Dra. Gemmill resume la posición de la mayoría de los investigadores en una frase: «En lugar de apuntar a la tasa en sí misma, deberíamos adoptar un enfoque centrado en las personas —preguntarnos cuántos hijos quieren tener las personas y qué les impide lograrlo.»

La dimensión latina: la comunidad que más creció y que también está cambiando

Para la comunidad latina de Estados Unidos, estos datos tienen una dimensión particular. La caída de la natalidad entre mujeres hispanas ha sido, de hecho, una de las más pronunciadas de las últimas dos décadas: desde 2006 hasta 2017, la tasa de fertilidad de las mujeres latinas cayó un 31 por ciento —comparado con apenas el 5 por ciento entre mujeres blancas en el mismo período, según el Centro de Investigación Hispana.

Eso no significa que la comunidad haya dejado de crecer. La población latina en Estados Unidos sigue siendo joven —con una edad mediana de alrededor de 30 años, más de una década menos que la población blanca no hispana— y sigue teniendo tasas de natalidad superiores al promedio nacional. En 2024, el 32 por ciento de todos los bebés nacidos en el país tenían al menos un padre o madre hispano. Pero la brecha se está cerrando. Las mujeres latinas, especialmente las nacidas en Estados Unidos y las que acceden a educación universitaria, siguen los mismos patrones que el resto de la sociedad: más educación, más trabajo, matrimonio más tardío, y menos hijos.

La otra variable que afecta directamente a la comunidad latina es la inmigración. Históricamente, los inmigrantes recién llegados tienen tasas de natalidad más altas que la población establecida. La caída drástica en la llegada de nuevos inmigrantes —producto de las políticas de la administración Trump— reduce ese aporte demográfico. En términos concretos: menos inmigrantes llegan, y los que ya están adoptan los patrones reproductivos del país que los recibe. Esa doble tendencia hace proyectar que la contribución latina al crecimiento demográfico de Estados Unidos, aunque sigue siendo la mayor de cualquier grupo étnico, seguirá reduciéndose en los próximos años.

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