La gasolina bajó durante tres semanas seguidas después del primer cese al fuego con Irán — pero esta semana volvió a subir
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El precio del crudo oscila entre $88 y $104 según los altibajos diplomáticos. Cada anuncio de tregua baja el petróleo; cada escalada lo sube. La infraestructura energética del Golfo sufrió daños que tardarán meses en repararse. La OCDE proyecta una inflación del 4.2% en Estados Unidos este año, 1.2 puntos más de lo previsto antes de la guerra
WASHINGTON — Desde el 8 de abril, cuando Trump anunció el primer cese al fuego con Irán, el precio de la gasolina en Estados Unidos vivió algo que los analistas describen como una montaña rusa de expectativas: bajó durante casi tres semanas seguidas, llegando a acercarse a $3.70 el galón en algunas partes del país. Pero esta semana, con el conflicto reactivado y el Estrecho de Ormuz de nuevo en tensión, los precios que habían bajado durante gran parte de abril comenzaron a subir de nuevo. En el área metropolitana de Washington, el galón promedia hoy $4.20.
La dinámica de las últimas semanas ilustra el problema estructural que el conflicto creó: el precio del petróleo se convirtió en un barómetro de las noticias diplomáticas en tiempo real. Cada anuncio de tregua o apertura del Estrecho genera una caída del crudo. Cada nueva escalada — el bloqueo naval del 13 de abril, la captura del carguero Touska, la ruptura de las negociaciones de Islamabad — lo empuja hacia arriba. El WTI ha oscilado entre $88 y $104 en menos de tres semanas.
Hay una asimetría importante que los conductores ya están sintiendo: el petróleo tiende a bajar más lentamente de lo que sube. Analistas de Raymond James calcularon que la caída en el precio del crudo debería traducirse en una reducción de aproximadamente $0.45 por galón en el surtidor, pero que ese proceso toma al menos dos semanas — y solo si el crudo se mantiene bajo, que es precisamente la condición más incierta.
El problema de fondo va más allá de la diplomacia. Los ataques a infraestructura durante la guerra afectaron el complejo industrial de Ras Laffan en Qatar, que representa alrededor del 20 por ciento de la producción mundial de gas natural licuado, con daños suficientes para reducir su capacidad de exportación en un 17 por ciento. Según estimaciones de la firma Rystad Energy, los costos totales de reconstrucción de la infraestructura energética en la región podrían superar los $25 mil millones. Esa infraestructura no se repara en semanas.
Para las familias latinas del DMV, el impacto es concreto y cotidiano. El galón de gasolina está hoy $1.18 por encima de donde estaba el 28 de febrero, el día antes de que comenzara la guerra. Ese sobrecosto es regresivo: afecta más a las familias de ingresos bajos y medios que destinan una proporción mayor de su ingreso al transporte, y que en el norte de Virginia y Maryland con frecuencia dependen del automóvil para llegar a empleos que no están cerca de las rutas del Metro. La OCDE proyecta que la inflación en Estados Unidos llegará al 4.2 por ciento este año — 1.2 puntos porcentuales más de lo que se proyectaba antes de la guerra. Eso significa que el impacto del conflicto no se siente solo en el surtidor: está embebido en el precio de los alimentos, los servicios y todo lo que mueve la cadena de transporte.



