Trump deporta solicitantes de asilo a países terceros, aunque nunca hayan vivido ahí
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El Instituto de Política Migratoria documentó todos los acuerdos firmados. Los más preocupantes: una mujer colombiana con problemas de salud fue enviada al Congo — y un juez federal ordenó traerla de regreso porque el Congo no podía atenderla. Como reportamos la semana pasada sobre los consejos del abogado Silverio Coy, el sistema migratorio se volvió impredecible en sus consecuencias
WASHINGTON — El gobierno de Trump firmó acuerdos de deportación con 27 países desde que comenzó su segundo mandato — y tiene conversaciones activas con decenas más. Eso por sí solo no es noticia nueva. Lo que sí lo es es cómo esos acuerdos están siendo usados ahora: no solo para deportar a personas a sus países de origen cuando ese país se niega a recibirlas, sino para enviar solicitantes de asilo a países con los que no tienen ningún vínculo, como alternativa a procesar sus casos en Estados Unidos.
El Instituto de Política Migratoria documentó esta semana la escala del programa. Abogados del gobierno ya presentaron en cortes migratorias más de 1,000 solicitudes para desestimar casos de asilo sin audiencia completa y enviar a los solicitantes a uno de los países con acuerdo de deportación — en lugar del país al que temen regresar. Eso significa que una persona que huyó de persecución en su país de origen y solicitó asilo en Estados Unidos podría ser enviada a un tercer país que nunca eligió, donde no tiene familia, no habla el idioma, y donde no tiene ninguna garantía legal de protección.
El caso que más atención generó esta semana fue el de una mujer colombiana con enfermedades crónicas que fue deportada al Congo — un país con el que no tiene ningún vínculo. Las autoridades congoleñas informaron que no podían atender sus condiciones de salud. Un juez federal de Washington ordenó al gobierno traerla de regreso a Estados Unidos. Es el tipo de consecuencia que los defensores de derechos humanos llevan meses advirtiendo: cuando las deportaciones se ejecutan a velocidad industrial y hacia destinos que no tienen capacidad de recibir a las personas que llegan, el daño humano puede ser irreversible.
Los acuerdos de deportación de terceros países incluyen naciones en África, Asia y América Latina. Entre los más conocidos están los acuerdos con El Salvador — donde el gobierno de Bukele construyó el megapresión CECOT que recibió a cientos de venezolanos deportados desde EEUU — y con Panamá y Colombia, donde grupos de migrantes fueron enviados en 2025 antes de ser eventualmente liberados sin opción de regularizar su estatus. La política, según un análisis del Instituto de Política Migratoria, está diseñada tanto para facilitar deportaciones como para crear un clima de miedo que disuada a las personas de intentar llegar — independientemente de si tienen o no un caso de asilo legítimo.
Para la comunidad latina del DMV — donde hay miles de personas de Venezuela, Colombia, Cuba, Nicaragua y otros países con procesos de asilo activos — el riesgo es concreto. Como reportamos en Zoom Latino con los consejos del abogado Silverio Coy: cualquier persona con un proceso migratorio activo debe consultar con un abogado antes de actuar, no viajar si puede evitarlo, y entender que el sistema hoy opera con una lógica que puede producir consecuencias que habrían sido impensables hace dos años.



