Un rotundo NO a la posesión de armas en las escuelas

Las escuelas necesitan más consejeros que puedan desarrollar en los estudiantes destrezas que prevengan la violencia y que propicien discusiones

Silver Spring, MD.- Desde cualquier punto de vista que se analice: legal, religioso, agnóstico o metafísico, el armar a los maestros para eliminar los ataques a estudiantes en las escuelas es una solución completamente inaceptable.  Todas estas visiones de mundo coinciden que lo más importante en la vida es el amor hacia el prójimo y definitivamente, el equipar a los maestros con armas de fuego no es una demostración de amor a la vida, de amor al prójimo ni de amor a Dios.

Una de las leyes de la metafísica es la Ley de Causa y Efecto que significa que todo lo que hagamos tiene sus consecuencias. Dicho de otro modo, lo que sembramos es lo que cosechamos multiplicado por 100.  El tener armas en las escuelas significaría producir más violencia. Otra ley es la Ley de la Correspondencia o de Atracción; según esta ley la vida se manifiesta en el plano físico, el plano mental y el plano espiritual. Por lo tanto, el mundo exterior es una proyección de lo que sentimos internamente.  Si pensamos en violencia, si pensamos que podría haber un ataque en la escuela donde trabajo, si sabemos que tenemos un arma para defendernos de un ataque, eso es lo que atraeremos a nuestro mundo físico. Tenemos que pensar en dar amor y tomar acción sobre ello para recibir amor a cambio.

Bertrand Russell, un agnóstico por excelencia propuso en uno de sus libros que lo que el mundo necesitaba era amor, amor cristiano y compasión. Russell consideraba misión del intelectual la difusión de una cultura que habitúe a los hombres a la revisión de sus propias ideas y a la tolerancia mutua; la ciencia, en calidad de tal, no basta para la felicidad de los seres humanos, quienes, en la consecución de tal objetivo, deben acudir al arte, al amor y al respeto recíproco. En su autobiografía (1967) nos confiesa:

Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas    torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro”.  

Esto demuestra que, también para los agnósticos, lo más importante es el amor al prójimo y tener compasión; sin ello no podemos ser felices.

Si lo examinamos desde una perspectiva religiosa o filosófica ni La Biblia, ni El Corán, ni los Cuatro Libros de Confucio ni el Tipitaka o Canon Pali de Buda promueven la violencia.  Al contrario, todos promulgan la paz individual y social que se logra si manifestamos amor al prójimo. Confucio se preocupaba por el bienestar y felicidad de los individuos y tenía plena confianza en la bondad humana.  Uno de sus principios era: “No impongas a los demás lo que no aceptarías tú mismo”.  Por otro lado, Jesucristo nos pidió: Amense unos a otros como yo los he amado; y Buda nos aconsejó: “ No busques dañar a los demás”. Buda también decía que el amor cura todo mal. Todos también concuerdan en que el amor al prójimo se demuestra con virtudes como la rectitud, el sentido de la justicia, la lealtad, el altruismo y sobre todo: la HUMANIDAD, que no es otra cosa que ponernos en el lugar del otro.  En todas las culturas a través de los tiempos encontramos esta regla de oro: “No le hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti”.  

Precisamente, ese sentido de humanidad es lo que se estamos perdiendo.  Nos estamos deshumanizando por el materialismo, la ambición, el ansia de poder… y somos indiferentes al dolor ajeno. Hoy en día muchos, en vez de ayudar a una persona en apuros, sacan su celular para grabar la situación y subirla a una red social.  Numerosos se quedan callados ante las injusticias que se cometen contra el prójimo ya sea por miedo, dejadez o simplemente porque no les incumbe o afecta. Unos anteponen sus intereses por los de los demás y otros, se concentran en la manera de adquirir más y más poder para su beneficio económico.  

En el caso de las escuelas, los administradores se concentran en que los estudiantes pasen los exámenes estandarizados y así obtener prestigio, dinero y poder.  El maestro no necesita un arma para matar a un desquiciado que entre a la escuela; el maestro necesita otras clases de armas. Las escuelas necesitan sicólogos que tengan tiempo para hacer más que simplemente dar exámenes estandarizados y sentarse en reuniones a hablar de exámenes. Las escuelas necesitan más consejeros que puedan desarrollar en los estudiantes destrezas que prevengan la violencia y que propicien discusiones significativas con los estudiantes sobre su futuro. Las escuelas necesitan más trabajadores sociales que puedan atender las necesidades de los estudiantes y sus familiares. Las escuelas necesitan más enfermeras para que los estudiantes sean atendidos mejor y se sientan apreciados. Las escuelas necesitan más días de enseñanza, especialmente sobre valores y menos días de exámenes estandarizados. Los maestros necesitan menos estudiantes en sus salones para que puedan conocer mejor a sus estudiantes y familias y ofrecer una instrucción individualizada. Mientras sigamos enfocándonos en lo menos importante y no se identifiquen y atiendan las necesidades físicas, sociales y emocionales de nuestros estudiantes y de sus familias seguirán ocurriendo estos ataques que no son una causa  sino un efecto de los que estamos o no estamos haciendo.

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